Coeur: el éxito de la moda lenta en un mundo rápido.

Karla Correa es la diseñadora detrás de la marca regiomontana Coeur. Karla va en contra de las “reglas” de la moda, ella no apuesta por lo que es novedoso ni por la estimulación del consumo.

“Algunos amigos me dicen ‘eres terrible en los negocios’, yo creo que no soy terrible en los negocios, soy terrible en el capitalismo. Mi mente no piensa aprovechar las situaciones para hacer ganancias.”

Karla Correa es la diseñadora detrás de la marca regiomontana Coeur. Desde el 2015,  Karla se ha enfocado en construir una marca distinta, en ofrecer a sus clientes un armario atemporal y duradero, priorizando la transparencia, calidad y sustentabilidad. Karla va en contra de las “reglas” de la moda, ella no apuesta por lo que es novedoso ni por la estimulación del consumo. 

Platicamos con ella  sobre lo que realmente significa dirigir una marca con un enfoque sustentable. Sobre lo que implica balancear las convicciones personales con la idea de éxito que el sueño capitalista ha creado para las empresas de moda y la dirección en la que se embarca una marca cuando le dice “no” a la idea de ver el cielo como límite para la expansión comercial.

Ante esta cuestión la diseñadora se pregunta ¿qué tanto hacer “de más” por querer crecer y llegar a más gente está bien? Y la realidad es que la pregunta que se hace Karla es una que debe de hacerse la industria entera. Presencié como el dirigir una marca de moda lenta no significa que tu ritmo de vida también lo sea. Karla confesó tener un día a día acelerado.Y esto no es nada más que un reflejo de la velocidad de la industria en la cual trabaja. 

Conversamos sobre los modelos de producción de Coeur (transparencia total de costos, producción con enfoque artesanal priorizando evitar desperdicios textiles, inventario controlado, proveedores certificados, fibras orgánicas y elaboradas de manera sustentable) y la forma en que estos contrastan con el extenuante ritmo de producción en el resto de la industria:  una que permite a gigantes de moda como H&M seguir produciendo más ropa aún y cuando cuentan con $4.3 mil millones de dólares en prendas que nadie compra. 

Nos encontramos en un momento en el que repensar el ritmo de consumo y producción es necesario — y para una marca sustentable se vuelve aún más imperante encontrar un balance —  ¿cómo empezamos a reaprender la manera de relacionarnos con la moda?

Karla confiesa sentirse presionada por alcanzar un nivel de ventas o de cierta exposición y nos platica que, siendo una marca consciente de su impacto ambiental, en ocasiones se vuelve complicado balancear los intereses comerciales de entidades que las marcas necesitan para sostenerse, con las convicciones propias de los diseñadores creativos.

“Ahorita sí pienso, ya eso jamás va a volver a pasar. Ya no estoy dispuesta a hacer las cosas en el ritmo de vida de alguien más.”

Pero no todo es un forcejeo constante. Karla menciona una reciente pieza sobre Coeur en Vogue México y lo gratificante que fue lograr el reconocimiento de plataformas que pueden llevar tu marca a distintos mercados o pueden educar a los lectores y consumidores de moda. La diseñadora enfatiza la necesidad de adaptarse y ser flexible creativamente como una necesidad para manejar un negocio, comentando: Nunca he dicho: esto quiero ser para siempre, no estoy casada con nada.”  después de tomar una pequeña pausa y agregar:“…solo con mis valores, con lo que creo y con lo que hago.”

Para Coeur, crecer es adaptarse. El proceso de aprendizaje y adaptación de la marca en el ecosistema de la moda es un trabajo que requiere atención y demanda ser flexible; hoy Karla cuenta poder afirmar poder balancear sus intereses con los de las tiendas minoristas, tratando personalmente con ellas y delimitando el volumen de demanda de piezas y estableciendo el volumen de producción ideal para Coeur— ya no hay más órdenes de producción en periodos de 3 días o menos. 

Aunque decir ‘no’ se vuelve difícil (especialmente cuando hay otras marcas que están dispuestas a satisfacer esos pedidos en ese periodo de tiempo) la diseñadora prioriza un ritmo de producción que le permite satisfacer la demanda por la marca, se alinee a sus convicciones y más importante: a un ritmo de producción que dé lugar al proceso creativo saludable. 

Nuestra conversación giró hacia cómo la marca navega la pandemia, a lo que la diseñadora comentó: “Algunos amigos me dicen ‘eres terrible en los negocios’, yo creo que no soy terrible en los negocios, soy terrible en el capitalismo. Mi mente no piensa aprovechar las situaciones para hacer ganancias.” Karla ríe recordando a amigos bromear sobre su decisión de parar la producción totalmente al inicio de las medidas de distanciamiento social en México, la cual justo coincidió con el comienzo de la producción de su nueva colección.

Lo implementado por Coeur -una marca que planea rigurosamente su inventario a manera de evitar producir de más o crear desechos- es enteramente distinto a las liquidaciones que conocemos. Esa temporada de descuentos en la que podemos comprar un top en $101.00 pesos sin detenernos a preguntar ¿cómo es que esa cantidad cubre los gastos de obtención de materia prima, elaboración del textil, proceso de teñido, confección, traslado, marketing, salario de los empleados en tienda… y aún así deja ganancias a una marca? La respuesta es sencilla. Alguien, de una manera u otra, termina pagando. Ya sean las y los trabajadores de maquilas que son explotados en el sur global o nuestro planeta y los recursos que requerimos y extraemos de manera cada vez más acelerada.

“No soy enemiga de las liquidaciones, soy enemiga de hacerlas por hacerlas.

Son ventas de inventario de más y no es nuestra culpa que [las marcas] tengan un piso lleno de ropa y una bodega llena de ropa nueva que va a entrar. Las ventas son para ayudarse a ellos, no para ayudar al consumidor.” 

Y Karla no se equivoca. De hecho las marcas de moda producen tanto más de lo que pueden vender y nosotros podemos comprar, que terminan simplemente destruyendo prendas en perfecto estado. En el caso de la marca de lujo inglesa, Burberry, en 2018 destruyó $36.8 millones de dólares de su propia mercancía. El gigante sueco H&M, en 2013 admitió quemar 60 toneladas de prendas no vendidas en perfecta condición. Esta es una práctica relativamente común en la industria, desde Nike hasta Louis Vuitton lo han hecho.

Destruir mercancía en perfecto estado suena totalmente loco. Sin embargo, es una práctica normalizada y resultado directo del voraz ciclo de la moda. Gracias a la percepción general que ha ido construyendo la industria entera de la moda, desde el fast fashion hasta el lujo, las marcas que crezcan bajo un modelo que prioriza procesos sustentables, la paga justa o la producción lenta, se ven en la tarea constante de educar al consumidor. Mostrarle que como ha aprendido a comprar y relacionarse a lo largo de su vida no es la única opción que existe.

Para cerrar nuestra conversación le pregunto a Karla acerca de su definición del éxito para Coeur y qué es lo que piensa al escuchar esa palabra, la diseñadora confiesa que aunque le ha sido complicado alejarse de la relación que construimos de marca exitosa como sinónimo de expansión comercial, los éxitos que realmente le importan los considera “éxitos ñoños”; detalles como alguien tomándose el tiempo para enviarle un mensaje en redes sociales o comentarios de clientas felices diciéndole lo bien que les ajustan las prendas y lo mucho que notan el proceso que hay detrás de las mismas.

Karla toma una pausa y dice: “quiero seguir haciendo productos duraderos, útiles y que cuando la gente los utilice sea feliz. Mientras alguien se pare frente a su clóset y decida usar algo mío, tengo éxito”

En una industria hiper-competitiva y donde marcas conscientes como Coeur retan un sistema establecido, para mí también, eso suena como éxito.

Coeur es un ejemplo de las posibilidades que nacen cuando se le dice no a las reglas establecidas y nos atrevemos a escribir nuevas. Un ritmo y manera de producción más amigable con el ambiente, menos exhaustivo para consumidores y creativos. Una manera distinta de relacionarnos con lo que vestimos.

Fotografía por: Maiela Montserrat

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