La fenomenología de la maternidad.

No es contradictorio ser madre y ejercer el feminismo como ideología.

“La literatura de la maternidad parte a menudo de la propia experiencia, de una maternidad reciente, vivida en positivo o no, de la dificultad para lograr el embarazo, del arrepentimiento de la condición materna, de un parto traumático” – Esther Vivas

El mito de la maternidad ha viajado por distintas etapas dependiendo de la época histórica. Ha pasado poco a poco de ser una obligatoriedad absoluta -por nuestras características biológicas- a ser una elección de vida pero, no para todas. Afortunadamente el fenómeno de la maternidad es cada vez más autónomo y libre, pero aún faltan aspectos por solucionar, sobre todo en cuestión de la legalización del aborto a nivel nacional o la supeditación sistémica en donde la madres deben trabajar después de catorce semanas del parto, entre otras cosas.

Aunado a lo anterior, existen distintos aspectos estigmatizantes o incluso prejuiciosos que abordan a la maternidad, empezando por el que se le adjudica a la mujer que decide no ser madre dentro del patriarcado y el capitalismo, o el hecho de esperar que una madre sea la “super madre” ( este prototipo social en el que relacionamos las cualidades de una deidad a las madres es decir, todo lo pueden, todo lo saben, todo lo entienden).

Al sentir la necesidad de escribir este artículo me surgían dos preguntas que rondaban en la cabeza: ¿qué significa ser madre para el sistema patriarcal y neoliberal? y ¿qué ha significado ser madre para el feminismo hegemónico contemporáneo?

El patriarcado junto con el sistema capitalista han generado una oleada álgida repleta de términos y condiciones para la mujer que decide ejercer la maternidad. Apenas hace algunos ayeres, el ser madre aún era visualizado como una obligación y el fin último de todas las mujeres, tal vez no legislativamente pero si a nivel cultural. Al al convertirse en madre, en el sistema patriarcal, una mujer “debe” responder a todo lo que respecta no sólo en la crianza de los hijos sino también en los aspectos conservadores y tradicionales correspondientes a la institución del matrimonio. En otras palabras, el ser una esposa abnegada y mantener una relación heterosexual obligatoria, cumplir los regímenes de la monogamia o renunciar a todas las metas personales como sueños laborales, actividades recreativas, hobbies, etc. Básicamente el ser madre  significa –en este sistema- ser el ente más sacrificado dentro de la estructura familiar y social. Pero esto tiene que cambiar.

Hemos sido nosotras las que día a día reivindicamos el significado de ser madre, velar por la familia y ser feministas. Porque no, no es contradictorio ser madre y ejercer el feminismo como ideología. Es verdad que algunas corrientes radicales del feminismo también han aportado a que se genere un fuerte estigma alrededor de la maternidad poniéndole una lupa al discurso que intenta sólo enfocarse en la parte opresora que puede llegar a tener la maternidad en el patriarcado y el neoliberalismo. Pero esta característica opresora no puede ser generalizada, porque ser madre no es sinónimo de ser o estar oprimida.

Siempre he creído que el papel del feminismo no es enjuiciar los ideales propios de una mujer, mucho menos ejercer una conducta dictatorial de la que precisamente hemos intentado alejarnos durante siglos. Habrá mujeres que quieran desenvolverse en una forma social tradicional y habrá otras que no; pero el feminismo no es dogma. La decisión final la tiene la mujer como individuo autónomo y ni el patriarcado debe influir en su decisión para ser madre ni el feminismo hegemónico en su decisión para no serlo.

“La maternidad será deseada o no será” e iremos rompiendo poco a poco con las normas y patrones establecidos tradicionales, sobre cómo debe de ser una madre social, biológica y espiritualmente.

¿Y qué pasa con todas nosotras que decidimos no ser madres? Irónicamente el prejuicio y el estigma social nos seguirán rondando puesto que, la mujer que rechaza su posibilidad biológica para crear vida es vista socialmente como una mujer “menos realizada” socialmente, ¿por qué? por la romantización e idealización que la figura materna representa en la estructura familiar y en el tejido social. Todas las mujeres que no son madres (porque quisieron no ejercer la maternidad) o aquellas que no pudieron ejercerla aunque lo deseaban, tienen su propia lucha contra un cúmulo de tabús sobre la mujer que vive para sí.

El ser mujer de nacimiento implica nacer en un sistema violentamente incongruente que, por el lado patriarcal se les quiere ver como madres sumisas, pero por el lado capitalista se les obstaculiza la posibilidad de serlo con facilidad. En México le es otorgado a la madre una oprobiosa cantidad de catorce semanas para estar con su bebé recién nacido antes de regresar a su vida laboral, en donde la madre mexicana que trabaja no sólo tiene que ser ama de casa sino que debe jugar un papel de heroína sacrificando momentos clave de los primeros meses de la crianza de su bebé para producir en el sistema capitalista. Es decir, al sistema le interesa que la estructura familiar heterosexual y monógama prevalezca bajo las condiciones de seguir produciendo.

Cabe destacar que un debate que surge a la par es el mito de la paternidad, el hecho de que el padre acompañe a la madre dentro del puerperio y los procesos que involucra la crianza de la misma manera que lo ejerce la madre es una leyenda en México, por múltiples circunstancias. No abordaré la temática en donde el padre no se hace responsable del hijx ya que, el romantizar a una madre soltera significa más bien ser permisivo con la indiferencia de la paternidad, sino, en la circunstancia en donde el padre es miembro de la familia. Dentro de la ley mexicana el padre tiene derecho a pasar una escasa y ridícula cantidad de cinco días con su familia, “gozando” del sueldo de dichos días ausentes en el trabajo, para invertir esas 120 horas con su recién nacido; por lo cual resulta ridículamente utópico el imaginario en donde el padre se involucra en la crianza de los hijos de la misma manera que la madre, por cuestiones idiosincráticas, culturales y también sistémicas. 

El ser madre en este mundo posiblemente significa ser el individuo más vulnerable y valiente que existe, porque sin todas las madres que ha habido en la humanidad, el mismo sistema no sabría cómo resistir. Tenemos la vaga creencia de que sólo las madres y mujeres dependemos del sistema para sobrevivir, pero es en realidad el sistema el que depende de nosotras, está en nosotras decidir cómo queremos llevar a cabo nuestro coaccionar y cohabitar la maternidad y el concepto de familia.

Irónicamente, la madre es juzgada si decide llevar a cabo de manera tradicional su rol, pero también es juzgada si decide emanciparse de esta costumbre para priorizar su vida profesional; y una de las peores ignominias que arrastra la fenomenología de la maternidad culturalmente es el no poder lactar a su bebé como quiera, en donde quiera y cuando quiera.

Todos venimos de una madre, por ende, no nos corresponde generar un prejuicio hacia las madres, o incluso una idealización hacia ellas y lo que “deberían” ser o hacer, sea cual sea la postura ideológica, lo que nos toca como individuos es ser participativos en la creación de nuevas estrategias políticas, económicas y sociales para la facilitación al derecho reproductivo, a las madres y a los padres en su desenvolvimiento con respecto a sus bebés, así como exigir al estado reivindicar los procesos dentro de la maternidad, sin violencia obstétrica, ginecológica o reproductiva; nos toca la cooperación colectiva más humana dentro de un sistema que intenta deshumanizarnos.

Porque al final del día ¿qué seríamos sin las madres?

Irlanda Mainou.

Porque no, no es contradictorio ser madre y ejercer el feminismo como ideología. I.M

Bibliografía:

Esther Vivas. (2018). Mamá desobediente. Cataluña: Capitán Swing.

Arturo Llanes Castillo, Miriam Janet Cervantes López, Alma Alicia Peña Maldonado, Jaime Cruz Casados. (22 Diciembre 2019). Maternidad en legislación mexicana: Una visión desde los derechos laborales de la mujer. 03 de Agosto 2020, de Revista de Ciencias Sociales Universidad del Zulia Sitio web: https://www.redalyc.org/jatsRepo/280/28063104007/html/index.html

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